La preparación de la colada morada y las guaguas de pan mantienen viva la memoria de los seres queridos, fortalece la identidad cultural y reúne a las familias en torno a una de las tradiciones más representativas del Ecuador.
En las ocho parroquias del Valle de Tumbaco —Tumbaco, Cumbayá, Pifo, Puembo, Tababela, Checa, Yaruquí y El Quinche—, la temporada de la colada morada se vive entre aromas, recetas familiares, encuentros comunitarios y concursos gastronómicos que resaltan la creatividad y el patrimonio culinario de la ruralidad quiteña.
Esta tradición esta elaborada con ingredientes como harina de maíz morado, frutas, hierbas aromáticas y especias, representa mucho más que una preparación gastronómica. Su elaboración transmite conocimientos de generación en generación y conserva prácticas culturales vinculadas con la memoria, la familia y el respeto por quienes ya no están.
En cada parroquia, las actividades comunitarias y los concursos de colada morada se convierten en espacios para compartir recetas, reconocer el talento de quienes mantienen viva esta tradición y fortalecer los lazos entre vecinos. Las preparaciones reflejan la diversidad de sabores, técnicas y secretos familiares que forman parte de la identidad de cada territorio.
En Yaruquí, el Centro Eco Cultural Ñukanchik Yuyay, representado por Margarita Guaita, gestora cultural y ganadora del concurso de colada morada de esta parroquia, destaca el valor de preservar esta práctica como parte de la herencia cultural de su comunidad.
Guaita explica que su cultura está entrelazada con su familia y con los conocimientos ancestrales que ha recibido y mantiene vivos a través de la preparación de esta bebida tradicional. Para ella, elaborar la colada morada es un acto de cariño, dedicación y conexión con sus raíces, una práctica que permite compartir los saberes de sus antepasados con las nuevas generaciones.
La preparación también representa el esfuerzo y la organización familiar que comienzan antes de las fechas conmemorativas. Cada ingrediente, cada receta y cada momento compartido adquieren un significado especial cuando se acerca el 2 de noviembre.
En el Valle de Tumbaco, estas costumbres también representan una oportunidad para valorar los saberes ancestrales, dinamizar la gastronomía local y fortalecer la participación comunitaria a través de actividades culturales que convocan a habitantes y visitantes.
Así, las ocho parroquias mantienen viva una tradición que pasa de generación en generación y que demuestra que la cultura también se transmite en la cocina, en las historias familiares y en el cariño con el que se preparan los sabores que identifican al Ecuador.
